Y le fui queriendo más y más, hasta que dejé
de ser yo, para convertirme en lo se le antojara. Le fui contando cada lunar de
su piel, hasta que su espalda se volvió un perfecto pergamino para comenzar a
dibujar cualquier fantasía que se le ocurriese a mi imaginación. Le fui llenando
de besos hasta que sentí que ya no sólo era eso, ya era algo más. Y le llené la
piel de tantas caricias, que puede ser, que en este preciso momento ya empezó a
olvidarlas. Esa noche le cuide como se cuida a tu primer juguete, con tanta
paciencia y tanta entrega, que hasta yo, a veces, empezaba a dudar de lo real.
Y la silueta merodeando por cualquier rincón, haciéndose la interesante en cada
paso, en cada suspiro, en cada latido. Y aquí, otra vez, revisando recuerdos y
anhelando más que nunca aquella noche, aquél instante, aquellos minutos. Y empezando a darle vida a varios
sentimientos que hace tiempo escondía, más por mí que por ti. Le vivía como se
viven los días, sin prisa, con calma y hasta con dedicación, revisando cada
paso para que nada fallara, renovando cada segundo para que no se aburriera,
dándole sentido a eso que tanto pedía, que tanto quería. Le viví, sí, le viví
en sus mejores y peores momentos, en sus angustias y alegrías, en sus torpezas
y en sus virtudes, en cuando era algo que no conocía, en cuando mentía, en
cuando sentía. Le viví y esos momentos llegaron a ser los más precisos para
decir que, le fui queriendo más y más. Y empecé a contarle a mis paredes cosas
que ellas mismas ya habían visto, y a hablarle a mis almohadas cosas que ellas
mismas también habían visto, y quizás, hasta sentido. Le empezaba a quitar los
segundos al tiempo para que nada pasase en vano, para quedármele observando por
más, para empezar a detallarle cada espacio de su cuerpo, cada centímetro de su
cara, del comienzo hasta el final, sólo observándole. Y en cada instante me di
cuenta que, le fui queriendo más y más. Y dándole finalidad a esto, puedo
asegurar que, aún le quiero más y más… Y le seguiré queriendo más y más.
Carta de bienvenida
Disculpa si huele un poco a viejo en donde hoy te vas
alojar, hacía tiempo que nadie llegaba a mi vida y mucho menos con intenciones
de quedarse. Todo está desordenado, si es que lo has podido notar, quizá
necesito uno de esos servicios a domicilio para que vuelvan a poner cada cosa
en su lugar, o en su defecto, también varios sentimientos que andan como cabos
sueltos. La luna, las estrellas y las constelaciones que antes te prometieron,
no existen para mí, a lo mejor, necesito una pisca de cursilería para contarte
lo que en tu pasado ya te habían contado. Te vi llegar con varias maletas
llenas, no sé lo que ocultas ahí, espero y sean las instrucciones de cómo
hacerte cargo de una persona tan difícil como yo, y por casualidad, espero que
también traigas consigo tus instrucciones para ver como llegaré a enamorarte y
si se te olvidaron, no importa, yo me las ingeniaré. Por lo pronto, la cama
está un poco desordenada, el café no me queda tan bien como a tu mamá, e
incluso necesito acudir a los libros de cocina si es que quiero prepararte
postres y comidas exquisitas, espero y eso no te importe, con el tiempo
aprenderé. No sé cómo te gusta recibir los amaneceres, ni como despedir las
noches, quiero aprender; enséñame. A veces me siento en un circo y me convierto
en un payaso dirigido por ellos, pero mantén la calma, esto sólo pasará cuando
te sientas triste, sólo lo haré para alegrarte si es que algún día todo se te
viene abajo. Espero y no te importe tampoco si aún no suelo quererte como te
gusta o quieres, vuelvo y repito; enséñame. Vuélveme tu aprendiz. Hay varias
cosas que no conozco, o a lo mejor que sí, pero se me han olvidado con el
tiempo; refréscame la memoria. Vete sentando en cualquier lugar, estás en tu
casa. He dejado todo a tu disposición para que no quieras irte. Yo, por mi
parte, voy a prepararte lo mejor que sé. Tengo cosas guardadas en distintos
baúles, los primeros están llenos de algunos errores que suelo coleccionar, en
el otro las ganas de no equivocarme otra vez. Esto sólo te lo comento para que
te vayas haciendo una idea de mí. Tengo sábanas que aún no he usado, una que
otra almohada sin nada que contar, y dos o tres inciensos para hacerte felices
las noches. Creo que ya te diste cuenta que todo aquí es pequeño y que algunos
rincones necesitarán de una remodelación. Tengo la manía de dormir y despertar
con besos, no importa si estos llegan a ser amargos o dulces, son besos. Y eso
vale más que cualquier otro sabor. También quería comentarte que necesito una
remodelación personal, hay cosas del pasado que aún atormentan y otras que, a
lo mejor, tal vez se quedarán. Espero y hayas traído tu mejor pañuelo y unas
gafas para los rayos de un futuro. Suelo estallar de amor y reprimir
tristezas, y en otros casos, suele ser al revés. También hay cosas que no te he
dicho y que con el tiempo espero contarte. No hay secretos, sólo le estoy dando
tiempo al tiempo para que no te aburras tanto de mí y como un sospechoso tuyo,
sigas investigando. No te pido promesas, no creo en ellas. Y si llega hacerte
falta algo, avísame, estoy a tu disposición de aquí en adelante, 24 y quizás 25
horas, por si quieres saber el mediado. Me gusta cometer tonterías y reírme de
ellas de vez en cuando; acompáñame. Y sí, suelo tener días en el cual me
convierto una persona insoportable, no me toques, quédate ahí y yo iré hasta a
ti. El piso está un poco resbaloso, disculpa, acabo de limpiar las rajaduras
que dejó el pasado, y si llegas a resbalarte, sujeta mi mano y estaremos bien.
Y mientras te vas acoplando a lo que te he dicho, yo, por mi parte, te seguiré
escribiendo esta carta de bienvenida.
Aquí se te empezó a querer desde que mis ojos te
miraron.
Con lo poco que sé de la vida.
Con lo poco que sé de la vida
Comprendí que tus brazos son el mejor lugar
para estar
Que tus labios no necesitan receta médica
para ser las mejores vitaminas
Que tus caricias tienen un poco de cielo que
me hacen volar cada vez que me tocas
Que tus ojos son el único boleto que tengo de
conocer el universo
Que tu sonrisa es el único despertador que no
me molestará en las mañanas
También comprendí que tú y yo estamos hechos
el uno para el otro, aunque seamos más que polos opuestos, aunque ni tú
comprendas esto.
Con lo poco que sé de la vida
Comprendí que es mejor a tu lado, que en
cualquier sitio
Que no importa cuánto te escondas, siempre
termino encontrándote
Que para esto no necesito suerte, sólo tus
ganas de amarme
Y que de apoco construiremos castillos y
cuentos aunque te suene a fantasía este hecho.
Con lo poco que sé de la vida
Comprendí que tengo miles de lugares que
visitar, pero ninguno tan interesante como tus sueños, y que los míos están hechos
a tu criterio.
Con lo poco que sé de la vida
Me declaro víctima de tus encantos, de formar
parte de las escenas más deslumbrantes de tu sonrisa, y de la manera que
lentamente me matas cuando me hablas.
Con lo poco que sé de la vida
Comprendí que te aceptaría a cualquier costo
que tuviera este amor
Que mi único delito sería enamorarte pasando
encima de ti
Y también…
Con lo poco que sé de la vida, y a veces de
ti
Comprendí que es mejor escribirte que
llegarte a necesitar
¿En qué momento te perdí?
Hoy mi amor y mi corazón nuevamente confía en
ti, prevaleciendo ante la razón, creyendo fielmente en esto y en lo que
habíamos vivido los dos. Pero tengo que aceptar que ya es pasado. Queriendo y
esperando que renaciera de las cenizas como el ave fénix que se despoja de su
plumaje para revivir y emprender un vuelo más alto, y alcanzar sueños rotos y
truncados. La vida misma me demuestra y habla por sí sola, que ya no eres la
misma persona que tomaba sus decisiones sin titubear, que enfrentaba situaciones
difíciles pero no imposibles. Me siento impotente de no poder inspirar en ti
todo lo que un día hizo que tú apostaras a este amor. Se me agotan las ganas de
esperar alguna respuesta y hechos que un día o tantas veces me dijiste que
vería… Inútilmente sin ganas de intentar
ser feliz y de volver a rescatar y sentir, o tener lo que un día tuve entre mis
brazos. No sé si tengo que tomar la decisión de dejarte ir del todo y terminar
con este trío que la sólo perjudica el silencio. Ya no quiero llorar más y
sentirme una hormiga en esta situación. No sabes lo que duele y lo que he
sufrido. Te confieso, tengo ganas de salir corriendo y encontrarme de nuevo,
porque desde hace días perdí el rumbo de quién soy, y lo peor de todo es que
estoy, y siempre estuve para ti… Y la pregunta es: ¿Estás tú para mí? La
respuesta es otra incógnita más que me creaste. No sé qué pensar, como debo
actuar, que pasos dar, que armas utilizar si he perdido tantas batallas, no
quiero levantar mi bandera blanca y rendirme, pero no aguanto más. Quiero
sentirte aquí, queriéndome o por lo menos, intentándolo. No quiero seguir
luchando en vano… Y después de todo sin ti.
Te pregunto…
¿En qué momento te perdí?
Y te quiero...
Y te quería tanto, que quería estar contigo y
compartir cada segundo de tu vida, llenarte la soledad de reencuentros en la
madrugada donde tú serías el primer libreto de la historia, donde mi único
propósito era amarte hasta quedar sin aliento, en donde quería darte a ojos
cerrados y entregarte un universo en mis labios.
Y te quería… Sí, te quería para que fueras lo único en
que tendría que pensar todas las noches antes de acostarme, para que fueras mi
desvelo y a la vez, mi tortura. Sí… Te quería para todo, para nada; para mí.
Y tal vez este no era nuestro momento, o quizá,
llegamos tarde al encuentro de dos corazones que sólo se esperaban el uno al
otro, pero por más que esto fuera y que tú no llegaras, aquí estaría,
esperándote y anhelándote como nunca jamás alguien lo había hecho por ti.
Y ni tú ni yo planeamos esto, pero déjame decirte que ha sido el error más placentero de mi vida y la mejor duda que he besado hasta ahora, y podría seguir besándote si en este mismo momento me lo pidieras, podría seguirte amando si también tú lo hicieras, podría seguir aquí sin quejas algunas, y sin reproches que hacerte.
Y si me preguntaras que quiero en este instante, sin
duda alguna y con toda certeza, diría que a ti y a tu tiempo, y tal vez te
preguntes ¿Por qué tu tiempo? Pues sí, porque lo necesito para ocupártelo de
mí, de mi no- tan cordura, de mis sonrisas y alegrías, de mis besos y abrazos,
y una que otra vez, también compartirte un abrazo. Así sin más, sólo exclusivas
para ti.
Y si también me preguntaras si te quiero, sólo
tendrías que pararte en frente de mí y mirarme, descifrar mis ojos y allí
estará la respuesta que tanto buscaste; y también podrías lanzarme uno de esos
besos de tu boca a ver si consigo también lo que busco.
Y no me libero de esta cárcel que está junto a ti,
porque aun con los asuntos legales y pendientes que tengo contigo, me gusta
estar aquí… Pagando condena de quererte.
Suicida.
Había un mundo en el cual me sentía víctima hasta de
mí misma, un mundo en el cual problemas, incertidumbres, rupturas y enigmas
eran piezas fundamentales en el rompecabezas de mi vida, para escaparme de esto
sólo debía cerrar los ojos e imaginarme que esto era mi fantasía, más no mi
realidad. Apagar las luces para verme encerrada ahí, en ese baúl de recuerdos e
historias que llevaban más lágrimas de las que había contado, más sonrisas de
las que había forzado, más de mí, que ni yo conocía. Un mundo en el cual tantas
veces me vi víctima de varios personajes con rostros diferentes y palabras
hirientes, tales como los libros de Kahil Gibran, sin sentido y todos de
abandonos. Para darme cuenta de mi realidad empecé a analizar mis
ocurrencias, y los peligros que cometía no estando consiente de mí, de mi
cuerpo, de mi mente y hasta de eso llamado conciencia, para no optar por llenar
hojas que ninguna persona leerá, ni que el viento tampoco se llevarán como
algunos dicen por ahí.
Pararse en el espejo
y ver reflejado a tu peor enemigo, tratando de no darle salida a la peor parte
de ti por miedo del qué dirán las personas más allegadas a ti, escondiendo tu
esencia y parte de lo que eres y aún no lo sabes. A ciencia cierta sabes que lo
peor de ti eres tú mismo, pero... Quién se hace cargo si ni yo misma puedo
hacerlo?
La estabilidad de
emociones y los sentimientos que carezco son infinitos, la balanza siempre se
mantiene abajo, haciendo peso en donde no debería. Me rindo a los pies de
aquella persona que no soy yo, pero que me ha enseñado tanto de mí. Irónico es
cuando ni tú mismo te conoces.
Y qué más da cuando
todo el mundo empieza a estorbarte y esa gente que camina por ahí con esa
sonrisa intachable que nunca se quita de sus avergonzados rostros, cuando
sientes que todo lo que has hecho ni para ti es suficiente... Qué más da cuando
ya no hay razón....
Mente suicida, cuerpo
equilibrado... Jamás lo entenderán.
Te odio...
He
llegado a la conclusión de que te amo, pero así como te amo, también te odio.
No por lo que eres, tampoco por las cosas que sueles callar, tus molestias o
enojos, o las veces que no piensas y me haces daño. Te odio por ser tan
diferente a mí y aún así gustarme, porque odio que de la forma que me besas es
la única que quiero, porque tus abrazos son los únicos que pueden calmarme,
porque son tus palabras las únicas que llegan allí donde no había llegado
nadie, porque sólo tus ojos son capaces de mostrarme un universo, porque tú
eres lo que quiero. Así malditamente sin querer, así te quiero. Porque he
llegado a pensar de que puedes ser tú la única persona con la cual puedo ser
yo, sin limitarme a gustarte o a inventarme, porque sin ti he aprendido que una
parte de mí no es la misma, y no porque me faltes, sino porque no quiero
dejarte, porque el único vacío que suelo tener en días es cuando hace presencia
tu ausencia y me quedo sin verte, porque más que vivir, aprendí a vivirte a ti,
a lo que eres conmigo, y lo que eres sin mí, porque no encuentro un mejor lugar
que el de ese desorden que tienes en tu vida del cual formo parte yo, porque no
importa lo frágil que sea, siempre encuentro fuerzas en tu sonrisa. Y sí, te
odio porque te he amado aún odiándote,
porque no soy capaz de rechazarte, ni siquiera de acercarme a alguien, porque
me encantas siendo tú, porque amo tu maldita manera de enamorarme, y tu maldita
manera de destruirte.
Para ti, para mí, para nosotros.
Te tengo un café hecho a tu gusto, sin mucha azúcar
para no endulzarte, ni mucha historia para desvelarte. Una cama tendida con las
sábanas más cómodas, de colores, por supuesto. Un sofá para que veas lo que se
te antoje con varios cariños incluidos en ellos. Unos labios desgastados de
tanto buscarte en otras bocas, pero aseguro que pueden llenarte de besos, de
esos que tanto te gustan. Unos abrazos con mucho calor para las noches de frío.
Unas sonrisas para los intermediarios de nuestros días. Unas cosquillas para
darte cada vez que te amargues.
Para ti te traigo los
mejores amaneceres, los más cálidas noches, los más dulces besos, los abrazos
más tiernos, la paciencia de un anciano, las ocurrencias de un niño, el
prototipo de la persona ideal, las tardes de aventuras, el control de mi vida,
y por supuesto... Te traigo a mí.
Para ti te traigo los
silencios para que te escuches, la garganta para que grites con todas tus
fuerzas, los ojos para que no te equivoques, mi mano para ayudarte, mi voz para
que entiendas, y por supuesto... Te traigo a mí.
Para ti te traigo el
beso de todas las mañanas, el desayuno en la cama como sorpresa, el abrazo de
despedida de todas las noches antes de dormir, y por supuesto... Te traigo a
mí.
Y entre tantas cosas,
te traigo a mí...
Para ti, para mí,
para nosotros.
Tantas cosas, tanto
todo, pero sólo y únicamente para ti.
Diferente..
Mayormente pasamos la vida
queriendo encontrar a alguien que nos quiera como queremos, pero realmente,
nunca encontramos a ésta persona.
Una persona que se acople a lo que eres y quieres ser, que no te juzgue cuando des un paso en falso o fallas en cualquier situación, que te entienda sin necesidad de juzgarte o mandarle indirectas a la razón, que te acepte con tus más grandes defectos, aunque le parezcan insoportables.
Una persona que esté dispuesta a ser lo que realmente es y no inventarte una panorama distinto al que ya conoces, que se preocupe por saber que te pasa, o qué sueñas cada vez que te dispones a dormir.
Una persona que se atreva a cometer las mayores locuras contigo, sin pensar en cada consecuencia que ésta traiga, y no se arrepienta el día de mañana.
Una persona que te haga cambiar de parecer a todo eso que conoces por causa de problemas que no han sido tuyos, o rupturas que no vienen al caso contigo.
Una persona a la cual veas diferente a las demás por lo que le hace sentir a tu corazón, y lo que te hace pensar con cada cosa que haga.
Y en resumidas cuentas... No encontramos a nuestro prototipo de hombre o mujer perfecto, pero sí encontramos a la persona que con las mínimas locuras nos puede hacer reír hasta no poder más, que en cada mirada que nos regala encontrar un universo distinto al que te pintan los libros. A eso no le llamamos encontrar a quien queremos, sino, creer que existe alguien como pensamos.
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