Tú jamás.

Tú jamás te sentaste a mirarme y ver como sonreía, mientras yo lo hacía cada segundo y minuto del día, cuando mirabas algo que te gustaba o me hablabas sobre tus intereses ante la vida, yo sí, yo si te miraba. Tú jamás tuviste una noche de desvelo pensando en las peleas que tuvimos, mientras yo sólo esperaba que llegara la madrugada para ver en qué había fallado y cómo podía hacer para arreglarlo. Tú jamás amaste mis defectos porque eran incorregibles, mientras que yo amaba cada error en ti, por más notable que fuera. Tú jamás sentiste que mis besos te llevaron al cielo, porque para ti, eran unos besos mas a tu cuenta, mientras que yo a estos los veía como mi oportunidad de conocer el universo. Tú jamás tomaste tus tiempos libres para escribirme alguna carta o hacerme saber que sentías, mientras que yo te escribía en cada oportunidad que te pensaba, para dada ocasión, siempre lo hacía. Tú jamás miraste al cielo y te preguntaste por qué me conociste, y entre esas palabras, nunca le diste las gracias, mientras yo cada noche antes de dormir miraba la luna y pensaba que eras lo más hermoso que se pudo haber interpuesto en mi camino. Tú jamás escuchaste una canción y pensaste en mí, mientras que yo sentía que estabas en todos lados por cada cosa que veía, y me hacía sentir feliz. Tú jamás les hablaste a tus amigos de mí, porque para ti yo era sólo un juego, mientras que yo le hablaba a cada persona sobre lo interesante que había sido conocerte. Tú jamás me abrazaste con ternura, o como si te encantara hacerlo, mientras yo sólo sentía protección en tus brazos. Tú jamás me preguntaste qué pasaba por mi mente mientras me escribías, mientras que yo sólo moría por saber si te sentías igual que yo. Tú jamás me diste el primer lugar en tu vida, ni tampoco en tus sueños, mientras que en mi vida, tú eras mi centro de atención. Tú jamás visitaste tus ilusiones, porque siempre te dio miedo sentir mariposas en el estómago, mientras que yo vivía ahí, esperando que me encontraras. Tú jamás me permitiste hacerte feliz, o quizás llegar a enamorarte, porque nunca me viste como ese gran amor de tu vida, sólo otra persona más. Tú jamás te tomaste un tiempo para mí, mis cosas, mis intereses, mi amor, mientras que yo sólo hacía preguntarte de ti, qué querías, qué hacías, porque me interesaba saber cómo eras. Tú jamás volviste a el lugar que nos conocimos, porque para ti fue un simple lugar, mientras que yo lo visitaba cada día para volver a revivir ese momento en el cual te conocí. Tú jamás sentiste estas bobas ilusiones por mí, mientras que yo desde que te ví sólo hacía pensar en ti. Tú jamás me diste motivos para quererte, mientras que yo buscaba en cualquier lado uno solo para hacerlo cada día más.

Y entre tantas cosas que jamás te atreviste a hacer por mí, mientras que yo sólo las hacía por verte feliz, quizás, tú jamás tampoco me amaste. 


Pasará...

Y pasará el tiempo tras esos pequeños ojos que regalan un universo a quien suele verlos. Pasarán los días por tu cara, y quizás el viento sople tan fuerte que ni te preguntes qué está pasando. Pasaran tus besos por otras bocas, sin sentido alguno, sin excusas. Pasaran tus manos y rozaran otra piel que no es la mía, pero de nuevo te vuelve a encantar la sensación que sientes. Pasaran tus te quiero de boca en boca, de piel en piel, de ti hasta ella, la que ocupa mi lugar ahora. Pasaran aquellas canciones y no le traerán recuerdos a tu mente. Pasara todo lo que tendrá que pasar, pero sin mí en tu vida… Pasara que una noche iré a buscarte, y me fugaré de mi propia realidad, iré hasta a ti, y allí desprenderé todas estas ganas de besarte, abrazarte, de tenerte para mí. Te haré preguntas que ni tú mismo te imaginas, descubriré tu frialdad ante tanto amor, tanta entrega, tanto yo. Me volveré un hipócrita para sólo saber quién eres, qué quieres, qué deseas. Seguirá pasando, pero de nuevo… Sin mí, sin ti, sin un nosotros.

Tu vida en mis manos, la mía en las tuyas... Y pasará, sé que un día pasará y te haré saber como se siente que ni tú, ni yo, le encontremos respuesta a este lado de la historia. 



Despedida...

Un café preparado en la mesa por si te provoca, una carta puesta en la nevera por si me quieres recordar. Tu cama tendida, pues ya no hay quien la desarregle, ni tú, ni yo. Tu ropa guardada en el closet, arreglada de color a color, y sin más, con tu perfume. El cuarto remodelado para que no te traiga recuerdos al acostarte. Tu agenda en la gaveta. Tu vida ahí, en ese rincón.

Te dejo mis motivos, por si algún día no tienes de donde apoyarte. Te dejo mis ilusiones, por si quieres soñar en vela. Te dejo mis sonrisas, por si quieres verte reflejado en ellas. Te dejo un sinfín de emociones, por si éstas algún día te faltan. Te dejo un papel y un lápiz, por si quieres desahogarte. Te dejo mis manos, por si algún día te hace falta mi calor. Te dejo aquél pequeño baúl lleno de fotos, por si quieres recordar por qué me amaste. Te dejo mi voz, por si te hace falta escuchar el ruido por la casa. Te dejo mis pupilas, para que encuentres el mismo universo que solías encontrar de noche. Te dejo mis mejillas, por si extrañas lo suave. Te dejo mi boca, por si quieres repetir esos besos. Te dejo las risas, que salían de mi boca cuando con cosquillas me llenabas. Te dejo una historia incompleta entre tus manos, por si quieres darle el fin que merece. Te dejo aquella felicidad que me regalabas, por si algún día estás triste. Te dejo mis ganas, por si te atreves a buscarme. Te dejo mi vida, para que no te encuentres tan solo en los amaneceres. Te dejo todo este amor, por si recuerdas cómo, cuándo y en qué lugar, te enamoraste de mí.

Aquí se acaba lo que tanto nos costo lograr. Unos sueños que no pudieron ser cumplidos, unas ganas que se mataron a fuerza de palabras, unas miradas que no llegaron a encontrarse,  una lágrima y una sonrisa para disfrazar qué nos quisimos, unas noches que jamás tuvieron fin, unas mañanas que nunca tuvieron sol. Dos personas y una historia incompleta.
Te dejo una despedida con unas infinitas ganas de volver…



La dama.

En aquel viejo bar a mi derecha vi a una dama vestida de azul algunas inquietudes en su rostro, un color de cabello negro intenso, así como la noche. Una mirada profunda con un mar de sentimientos dentro, unas manos suaves con la sensibilidad de un niño, una boca pequeña con una historia inmensa que contar. Algunos años ya… Al mirarla sonreí, y a su defecto, ella también lo hizo. Ordené un copa de vino y la mande hasta aquella señora, entre una servilleta unas palabras que decían: “Me sorprendí al verla”… Al pasar unos cuantos minutos, volteó y se dirigió hasta a mí, preguntó: ¿Cómo es que no tienes el suficiente valor para ir hasta a mí y decírmelo? Respondí: a semejante belleza no sé cómo hacerle suplicas. Ella tan tímida volvió a sonreírme. Seguimos hablando, mientras el tiempo pasó y unas cuantas botellas de vino a la lo largo, hasta llegamos a punto de hablar sobre el amor, al empezar, una lágrima salió de sus ojos, yo sorprendido pregunté: ¿Por qué lloras? Respondió: No es lo que tú crees… No insistí y seguí hablando sobre mí. Al terminar me dijo: Se ve que los años pasan en vano, tú no has aprendido de ello, exclamó aquella dama… Se levantó, y se fue. Yo tan sorprendido me quede con la duda de por qué esas palabras, y por qué el dejarme allí con un enigma. Luego a mi mesa llego una servilleta, entre ella decía: “Me llamo el pequeño amor de tu vida” sonreí, y al voltear la servilleta, se encontraba su número. Pasaron días en los cuales no me decidía si llamarla o no, y decirle que me enamoré de aquel vestido tan justo que le quedaba en su cuerpo, tomé el valor, agarré el teléfono y comencé… Respondió. Mil sonrisas en mis rostro, pero muy pocas palabras, ella imaginó y dijo mi nombre, yo sonreí al saber que se acordaba de mí. La invité a un café para hablar, ella aceptó. Volví a verla, volví a ser feliz. Nos sentamos y como de costumbre una sonrisa y un beso, entre él, un abrazo. Se veía tan nerviosa, que dije: Cuéntame de tu vida, respondió: No hay tiempo para tanto, agachó la mirada y de nuevo volvió a irse. Sorprendido nuevamente quedé. Noches de insomnio, días sin respuesta, enigmas que descubrir. Al cabo de una semana una carta llegó a mi departamento, era ella, diciéndome que quería verme, por supuesto, sonreí y fui hasta donde ella estaba. Allí se encontraba, sentada en aquella banca que me parecía tan familiar, algo me unía a ese lugar, no sabía qué. De nuevo volví a verla, volví a ser feliz.  Aquella dama me miró y soltó una lágrima, esta vez pregunté: ¿Puedes decirme por qué lloras?, respondió: Hace tanto tiempo que no te veía, me extrañó su respuesta y volví a preguntar: ¿Me conoces desde antes?, respondió: Sí, desde pequeños. Bajé la mirada y traté de recordar mi pasado, cuando niño o cuando joven, algo que me hiciera recordarla. Pregunté su nombre y dijo: No necesito decirlo, sólo recuerda un jardín, debajo de un árbol, a media noche… Tú y yo. No lo podía creer, era ella, el pequeño amor de mi vida como esa servilleta decía. Exclamé: ¿Por qué no te pude reconocer?, respondió: Es porque nunca miraste mas allá de mi maquillaje y mi vestido, nunca supiste como llegarme al corazón en una mirada. No sabía que decirle, solo la abracé y le dije: Algo me unía aquí, no sé si tú, o mi imaginación, pero al cabo de estos años sólo quería dejar de imaginarte. Respondió: Al cabo de estos años tú has tenido tantos amores, yo… Yo suelo visitar aquel árbol para ver si algún día te acordabas de que allí habías dejado una historia incompleta, después de decir aquello, ella dijo de nuevo: Debo irme, alguien me espera. Me dio un beso, y se fue. No dejaba de pensarla, no podía creer que era ella, la misma con la que soñé tantas noches, tantos días… Las misma que siempre quise suplantar por una más. Pasaron meses, y de nuevo alguien tocó mi puerta, era ella… Mi pequeño amor, mi vida resumida en unos labios. Dijo: He venido por ti esta vez, respondí: y yo voy por ti de nuevo.


Moraleja
: Amores que ni el tiempo logra borrar, personas que simplemente marcaron tu vida de una manera inimaginable. Te enseñaron a creer a través de los años, te enseñaron que la distancia es un pequeño obstáculo entre un corazón y unas ganas. Que a veces solemos olvidarnos de todo aquello que importa, y que por tontos e idiotas, dejamos ir para después arrepentirnos. Una dama que nunca tuvo un amor porque siempre lo espero, un caballero que buscó a su dama entre tantas, sin saber que ella asistía siempre a ese lugar, sólo porque nunca se atrevió a mirar más allá de lo que él creía, o sentía. Aquella dama, nunca dejó de pensarlo, mientras él busco tantas maneras para no pensarla. Aferrarse sería la palabra… Pero en este caso, sería simplemente “le prometí no olvidarlo, y he cumplido, aun sigo aquí, él nunca lo supo hasta que me vio sonreír”…  

Renuncié.

Renuncié a ese pequeño pájaro que todas las mañanas se posaba en mi ventana para decirme que habías llegado.

Renuncié a esos besos que me regalaban segundos de eternidad.

Renuncié a esos abrazos en donde no cabía inseguridades.

Renuncié a ese labial que todos los días me ponía sólo para verme más coqueta.

Renuncié a esa pequeña falda que se ajustaba a mi cuerpo. Esa que tanto te gustaba.

Renuncié a esa blusa que le quedaba de postura a mi cintura.

Renuncié a esos tacones que me hacían ver un poco más alta.

Renuncié a mi cama porque ya no te encontraba en ella.

Renuncié a los accesorios porque ya no tenía a quien lucírselos.

Renuncié a ese vestido que tanto te gustaba quitarme por las noches.

Renuncié a ese olor que me volvía dueña de ti.

Renuncié a esas pequeñas manos rígidas que daban caricias infinitas.

Renuncié al café porque ya no tenía por quién desvelarme.

Renuncié a los sueños porque deje de buscarte en ellos.

Renuncié a esa banca, en donde todos los días me sentaba a esperarte, a ver si algún día te acordabas en dónde me habías dejado.

Renuncié al pequeño ruido de tu boca. Ese que tantas veces me lastimó.

Renuncié al pequeño insomnio de mi vida.

Renuncié a tu voz.

Renuncié a la llave que habría tu casa.

Renuncié a las escapadas por las noches y mañanas sólo para verte.

Renuncié a todo lo que alguna vez preferí.

Renuncié a ti, porque dejé de sentirte.

Renuncié a esas pequeñas mentiras que me enamoraron.

Renuncié a ser la victima de tu trampa.

Renuncié a quererte.

Renuncié a lo que no eres.

Y ahora déjate el pequeño traje de caballero insensible en casa, esta vez no quiero camuflajes, ni disfraces. Quiero conocerte… Te quiero a ti como eres.