Voy a preguntarte..

Voy a preguntarte...

La vida te pone lecciones verdaderamente difíciles de sobrepasar, mas aun cuando te separa de personas que creíste inseparables a ti, te toca conllevar tantas cosas que suelen dificultarse a medida que vas caminando y escribiendo en el libro de tu existencia. Una de las cosas más difíciles es llegar a pronunciar ese adiós reprimido en tu garganta, llegar a esta posición en donde tienes que dejar ir una parte de ti, que en si lleva consigo tantos momentos, varias de tus sonrisas y alegrías, y por decirlo así, hasta secretos que solo a esa persona te atreviste a contar. Tener que seguir adelante porque es una ley de vida que todos tenemos, superar u olvidar el pasado, y encontrarte con nuevas personas a ver si estas suelen llenar el vacío que aquellas que ya partieron dejaron. Los obstáculos en el camino se vuelven más grandes, y más fuertes, sueles llegar a la conclusión de que necesitas una mano amiga, o tal vez una persona que te de aliento para sobrepasarlos, o quizás también, que vaya contigo y te ayude. 

Al partir esa persona no sabes qué hacer, ni cómo hacerle frente a semejante tristeza y decepciones que se encierran en ti, todo esto lo disfrazamos con palabras idiotas, como por ejemplo: "No me hace falta", "Estoy bien", "No me importa lo que esté haciendo", e infinitas mas. A decir verdad, todo esto suele ser mentira. Por qué no nos va a ser falta una persona que estuvo a nuestro lado y saco lo mejor de nosotros mismos? Cómo nos vamos a sentir bien cuando perdimos a alguien que queríamos y aun queremos? Cómo no nos va a importar lo que haga aquella persona que mientras estuvo junto a nosotros, la cuidamos cómo si fuera parte de nuestra familia? Es aquí donde vemos que somos increíblemente orgulloso e incapaz de aceptar nuestra propia realidad, una realidad, en donde incluye a AQUELLA PERSONA. 

Muchas veces no comprendemos el significado de la vida, en realidad... No hay significado.  La única ley es vivirla, amarla, sentirla, comprenderla, solo eso.

A veces creemos que la solución a nuestros problemas y tristezas es encerrarnos en lo que creemos y dejar de creer en el significado que éste quiere darte. No es que no sepamos que está bien, o que está mal, que nos hace bien y que no nos hace bien... Mentira, somos consiente de todo este tramo, pero no somos lo suficientemente certeros para llevarlo a cabo. 

Realmente cada día que pasa no será como tú lo piensas, nada va a ser perfecto... Si estás feliz, siempre va a haber algo que te haga sentir triste. Si estás tranquilo contigo mismo, siempre va a haber algo que te inquiete. Si estás amando a una persona, siempre tienes en mente que tarde o temprano se va a marchar... Es así como voy a preguntarte:

Vale la pena dejar que pasen los días obteniendo un mismo resultado, o darle frente a la situación y hacerle saber que tú puedes con mas?








Otra más...

Los últimos abrazos, seguidos de los últimos besos que mis labios te darán, un adiós reprimido en mi garganta, y tú allí, esperando que lo diga, como si lo sospecharas desde un principio, como si ya conocieras lo que tengo que decirte, como si ya hubieras estado aquí, despidiéndote de mí.

Ciertas palabras que no diré, ni me atreveré a decir por el miedo a que tus oídos escuchen de mí algo que ni yo conozco. Volverás a mirarme y te regalaré horas de incertidumbres, para que te llenes de dudas y trates de descubrirme, para que armes este rompecabezas sin piezas que dejó un abismo. Volverás a mirarme y te enamorarás de todo esto que no conoces, pero te ata a mí. Volverás a sentarte a mi lado con la curiosidad de saber quién soy, volverás a mí, aunque el volver te cause tus peores lágrimas.

Te estaré esperando en aquél lugar, donde te entregué cada parte de mí, esperando a cambio un poco de ti, de eso que nunca me has dado, pero que sé que tienes guardado para mí.

Te preguntaré si estarías en tu disposición de recorrer este laberinto que no sé a dónde te lleva, pero por lo que he visto en mis sueños, vale la pena.

No sé si ha sido el destino, o soy yo quien te ha traído hasta aquí, no me preguntes los motivos, ni tampoco esperes que aclare tus dudas, no lo sé, sólo quiero que estés aquí, alegrándome un poco la vida, lo que soy, y quiero ser.

No te pediré nada más que unas sonrisas por las mañanas, unos caricias por las tardes, unos besos por las noches, una despedida de cada día en mi cama. No te pido nada más que otra persona no estaría dispuesta a cumplir, donde cada placer despida el día anterior, con la finalidad de que el día próximo me ames de otra manera. No te pido nada más que varias noches en vela, para me dejes demostrarle a el fantasma de ti, de lo sería capaz de hacer. No te pido nada más que un tú, para que se transforme un yo en sólo uno.

Créeme que aún si conocerte, moriría por un beso de tus labios, un roce de tus manos, por saber cómo sería pasar una tarde a tu lado, o quizás, amanecer en tus brazos, cómo se sentiría saber que estás a mi lado y que nunca te has ido, cómo sería si tú… Sintieras lo mismo.



De nuevo..

De nuevo voy a sentarme a escribirte y expresar todo lo que mi mente piensa cada vez que te ve, no sé cómo empezar, tampoco como continuar, sólo sé que esto a lo que tú llamas tontería, es para mí otra forma de decirte que eres especial, y que así no estés aquí a mi lado, de igual manera te siento en cada noche antes de dormirme, cada mañana la cual despierto y veo tu foto para sentirte, en cada sol que se esconde, y cada luna que nace en una noche… Muchos caprichos guardo en esta pequeña historia que suele recordarme lo injusto que fue con nosotros el destino, quizá esta sea otra carta a la deriva, o otros sentimientos muertos en un papel. La claridad de tus ojos cuando me miraban, la calidez de tus brazos cuando rozaban cada espacio de mi cuerpo, la pasión que se escondía en tus labios y que sólo salía a flote cuando se encontraban con los míos. 

De nuevo vengo a recordarte cómo te hacía sentir cada palabra que te decía, cada beso que te daba, cada abrazo que te regalaba, cada sonrisa que solía proporcionarle a tu cara. Ojalá por un momento estuvieras aquí en mi lugar, y sintieras lo que cada día voy sintiendo por ti, sin necesidad de descubrir cada adivinanza que te dejé en el camino, cada laberinto que le cruce a tu andar, cada rompe cabezas que le hice a tu mente para que no abandonaras la partida.

Voy a detenerme un momento, voy a pensarte un poco, voy a gritarte lo que realmente eres que sólo yo conozco, voy a sentarme a ver qué haces para encontrarme, voy a darme mi puesto y esperaré verte en mis sueños, voy a darte tu puesto para que estés en mis deseos,  voy a darte un pase a el viaje que quieres emprender siendo feliz, voy a recorrer cada poro de tu cuerpo para descubrir tu mayor debilidad, voy a imaginarte un poco… Sólo un poco.

De nuevo volveré a sentarme a escribirte después que tenga todas las respuestas de las preguntas que día a día suelo hacerte a ti, pero que como de costumbre, no respondes y suelo adivinar. Seguiré diciendo que ojalá me encontraras en el mismo lugar donde yo dejé una huella para que el camino se te hiciera más fácil.

De nuevo volveré a sentarme en la ventana y ver como pasas y no sospechas nada, volveré a escribirte otra carta más y veré como tú no la lees… 


Una oportunidad..

Sentarme todas las noches con una taza de café a escribirte, a pensar cómo haré para conquistarte y que estés a mi lado, a imaginar un futuro incierto pero con muchas ganas de hacerlo realidad, a quedarme mirando ese lugar que tanto me une y me recuerda a ti. Seguiré insistiendo cada noche y cada día, con la finalidad de llegar a ser alguien más para ti, la persona con la que compartas todas tus preocupaciones para así poder ayudarte a sobrepasarlas, a que sonrías por mis palabras cada vez que te las diga mirándote a los ojos, a que llores de felicidad cuando me veas llegar, a ser fuerte por si nos tocan obstáculos difíciles de derribar, a ser una parte de ti que no conoces.

Una oportunidad... Para demostrarte que este cielo que vemos juntos tiene historias que contar y escribir, y que en cada una de ellas hay un enigma que sólo tú puedes descubrir.

Una oportunidad... Para decirte todo lo que siento, no importa si no compartes el mismo sentimiento que yo, bastaría con saber que tú lo sabes.

Una oportunidad... Para llenarte de emociones, de esas que te roban mil suspiros y te hacen creer cosas inimaginables.

Una oportunidad... Para serle fiel a tus besos y caricias, a tus reproches y deseos. A ti.

Una oportunidad... Para ser el motivo de cada paso que des.

Una oportunidad... Para ser lo que tus sueños han soñado cada noche.

Una oportunidad... Para cambiar tus noches de frío por noches de un tibio calor en tu cuerpo.

Una oportunidad... Para cambiar tus pensamientos errados, y darle sentido a todo eso que no crees que existe.

Una oportunidad... Para cambiar tu mundo, pintarlo a tu manera, si deseas.

Una oportunidad... Para llenarte de todo este amor que me guardo, pensándote o imaginándote a mi lado, creyendo que estás aunque no sea así.

Una oportunidad... Para recibirte todas las mañanas con los brazos abiertos, repletos de cariño.

Una oportunidad... Para cambiar tus dudas, y darle fin.

Puedo darte eso a cambio de nada, a cambio de que tú estés allí solamente, dejándote querer, dejándome darle vida a cada palabra que te he dicho aquí, a que seas el centro de atención de alguien sin necesidad de gritar, o llamar la atención, sin necesidad de mentir. A cambiarte tu vida, para que sea la mía y seas feliz. Simplemente porque hay algo que pido y deseo todas las noches, tenerte aquí a mi lado, y poder sentir que me perteneces.

No te prometo todos los días felicidad, pero mientras pueda ver una sonrisa en tu cara, haré hasta las más bobas tonterías para que no desaparezca.  No te prometo ser el prototipo perfecto de tus sueños, sólo ser yo, para poder darte lo mejor. No te prometo las estrellas, tampoco el cielo, te prometo los besos más cálidos, y las huellas más sabias. No te prometo que no te sentirás triste alguna vez, pero estaré ahí presente, para hacerte saber que cuentas con alguien. No te prometo lo mejor de esta vida, porque a veces suele ser la peor, sólo quedarme allí contigo, para que entiendas que todo tiene una solución y que siempre habrá una mano la cual te ayudará. No te prometo un final feliz, sólo una buena historia con recuerdos hechos a tu medida.

Una oportunidad...

Y te prometo... Serás feliz.


Me arrepiento.

Me arrepiento de no haber sido yo quien te haya despertado con un mensaje todas las mañanas. 

Me arrepiento de no haber sido aquel motivo de tu inmenso desvelo por las noches.

Me arrepiento de no haber dicho esas innumerables palabras que esperabas que dijera cuando me mirabas a los ojos.

Me arrepiento de haber guardado mis palabras. 

Me arrepiento de haber escondido mis besos. 

Me arrepiento de haber reprimido las caricias.

Me arrepiento de no haber dicho los "te amo" que se ahogaban en mi garganta.

Me arrepiento de no haber despertado en ti aquél mismo sentimiento que yo sentía.

Me arrepiento de no haberme escapado de mi casa sólo para verte.

Me arrepiento de no atarte a mis manos.

Me arrepiento de haberle creado tantos enigmas a esta historia.

Me arrepiento de haberle puesto tantos "tal vez" a tus palabras.

Me arrepiento de no dejar que mis besos sintieran algo más por ti.

Me arrepiento mil veces...

Y así, esperando... Con la ilusión de que tus ojos vuelvan a mirarme de nuevo y entregarme a tus brazos, y esta vez sin callar ninguno de los sentimientos que viven en este pequeño cuerpo que te ama con cada amanecer que ve.

Si aceptas mis disculpas, y perdonas mis fallas, prometo amarte como no imaginas, juntar nuestras manos y unir nuestros labios en una para siempre, o quizás, en un momento.

y entre tantas cosas... Me arrepiento de no haberte enviado esta carta.


Tú jamás.

Tú jamás te sentaste a mirarme y ver como sonreía, mientras yo lo hacía cada segundo y minuto del día, cuando mirabas algo que te gustaba o me hablabas sobre tus intereses ante la vida, yo sí, yo si te miraba. Tú jamás tuviste una noche de desvelo pensando en las peleas que tuvimos, mientras yo sólo esperaba que llegara la madrugada para ver en qué había fallado y cómo podía hacer para arreglarlo. Tú jamás amaste mis defectos porque eran incorregibles, mientras que yo amaba cada error en ti, por más notable que fuera. Tú jamás sentiste que mis besos te llevaron al cielo, porque para ti, eran unos besos mas a tu cuenta, mientras que yo a estos los veía como mi oportunidad de conocer el universo. Tú jamás tomaste tus tiempos libres para escribirme alguna carta o hacerme saber que sentías, mientras que yo te escribía en cada oportunidad que te pensaba, para dada ocasión, siempre lo hacía. Tú jamás miraste al cielo y te preguntaste por qué me conociste, y entre esas palabras, nunca le diste las gracias, mientras yo cada noche antes de dormir miraba la luna y pensaba que eras lo más hermoso que se pudo haber interpuesto en mi camino. Tú jamás escuchaste una canción y pensaste en mí, mientras que yo sentía que estabas en todos lados por cada cosa que veía, y me hacía sentir feliz. Tú jamás les hablaste a tus amigos de mí, porque para ti yo era sólo un juego, mientras que yo le hablaba a cada persona sobre lo interesante que había sido conocerte. Tú jamás me abrazaste con ternura, o como si te encantara hacerlo, mientras yo sólo sentía protección en tus brazos. Tú jamás me preguntaste qué pasaba por mi mente mientras me escribías, mientras que yo sólo moría por saber si te sentías igual que yo. Tú jamás me diste el primer lugar en tu vida, ni tampoco en tus sueños, mientras que en mi vida, tú eras mi centro de atención. Tú jamás visitaste tus ilusiones, porque siempre te dio miedo sentir mariposas en el estómago, mientras que yo vivía ahí, esperando que me encontraras. Tú jamás me permitiste hacerte feliz, o quizás llegar a enamorarte, porque nunca me viste como ese gran amor de tu vida, sólo otra persona más. Tú jamás te tomaste un tiempo para mí, mis cosas, mis intereses, mi amor, mientras que yo sólo hacía preguntarte de ti, qué querías, qué hacías, porque me interesaba saber cómo eras. Tú jamás volviste a el lugar que nos conocimos, porque para ti fue un simple lugar, mientras que yo lo visitaba cada día para volver a revivir ese momento en el cual te conocí. Tú jamás sentiste estas bobas ilusiones por mí, mientras que yo desde que te ví sólo hacía pensar en ti. Tú jamás me diste motivos para quererte, mientras que yo buscaba en cualquier lado uno solo para hacerlo cada día más.

Y entre tantas cosas que jamás te atreviste a hacer por mí, mientras que yo sólo las hacía por verte feliz, quizás, tú jamás tampoco me amaste. 


Pasará...

Y pasará el tiempo tras esos pequeños ojos que regalan un universo a quien suele verlos. Pasarán los días por tu cara, y quizás el viento sople tan fuerte que ni te preguntes qué está pasando. Pasaran tus besos por otras bocas, sin sentido alguno, sin excusas. Pasaran tus manos y rozaran otra piel que no es la mía, pero de nuevo te vuelve a encantar la sensación que sientes. Pasaran tus te quiero de boca en boca, de piel en piel, de ti hasta ella, la que ocupa mi lugar ahora. Pasaran aquellas canciones y no le traerán recuerdos a tu mente. Pasara todo lo que tendrá que pasar, pero sin mí en tu vida… Pasara que una noche iré a buscarte, y me fugaré de mi propia realidad, iré hasta a ti, y allí desprenderé todas estas ganas de besarte, abrazarte, de tenerte para mí. Te haré preguntas que ni tú mismo te imaginas, descubriré tu frialdad ante tanto amor, tanta entrega, tanto yo. Me volveré un hipócrita para sólo saber quién eres, qué quieres, qué deseas. Seguirá pasando, pero de nuevo… Sin mí, sin ti, sin un nosotros.

Tu vida en mis manos, la mía en las tuyas... Y pasará, sé que un día pasará y te haré saber como se siente que ni tú, ni yo, le encontremos respuesta a este lado de la historia. 



Despedida...

Un café preparado en la mesa por si te provoca, una carta puesta en la nevera por si me quieres recordar. Tu cama tendida, pues ya no hay quien la desarregle, ni tú, ni yo. Tu ropa guardada en el closet, arreglada de color a color, y sin más, con tu perfume. El cuarto remodelado para que no te traiga recuerdos al acostarte. Tu agenda en la gaveta. Tu vida ahí, en ese rincón.

Te dejo mis motivos, por si algún día no tienes de donde apoyarte. Te dejo mis ilusiones, por si quieres soñar en vela. Te dejo mis sonrisas, por si quieres verte reflejado en ellas. Te dejo un sinfín de emociones, por si éstas algún día te faltan. Te dejo un papel y un lápiz, por si quieres desahogarte. Te dejo mis manos, por si algún día te hace falta mi calor. Te dejo aquél pequeño baúl lleno de fotos, por si quieres recordar por qué me amaste. Te dejo mi voz, por si te hace falta escuchar el ruido por la casa. Te dejo mis pupilas, para que encuentres el mismo universo que solías encontrar de noche. Te dejo mis mejillas, por si extrañas lo suave. Te dejo mi boca, por si quieres repetir esos besos. Te dejo las risas, que salían de mi boca cuando con cosquillas me llenabas. Te dejo una historia incompleta entre tus manos, por si quieres darle el fin que merece. Te dejo aquella felicidad que me regalabas, por si algún día estás triste. Te dejo mis ganas, por si te atreves a buscarme. Te dejo mi vida, para que no te encuentres tan solo en los amaneceres. Te dejo todo este amor, por si recuerdas cómo, cuándo y en qué lugar, te enamoraste de mí.

Aquí se acaba lo que tanto nos costo lograr. Unos sueños que no pudieron ser cumplidos, unas ganas que se mataron a fuerza de palabras, unas miradas que no llegaron a encontrarse,  una lágrima y una sonrisa para disfrazar qué nos quisimos, unas noches que jamás tuvieron fin, unas mañanas que nunca tuvieron sol. Dos personas y una historia incompleta.
Te dejo una despedida con unas infinitas ganas de volver…



La dama.

En aquel viejo bar a mi derecha vi a una dama vestida de azul algunas inquietudes en su rostro, un color de cabello negro intenso, así como la noche. Una mirada profunda con un mar de sentimientos dentro, unas manos suaves con la sensibilidad de un niño, una boca pequeña con una historia inmensa que contar. Algunos años ya… Al mirarla sonreí, y a su defecto, ella también lo hizo. Ordené un copa de vino y la mande hasta aquella señora, entre una servilleta unas palabras que decían: “Me sorprendí al verla”… Al pasar unos cuantos minutos, volteó y se dirigió hasta a mí, preguntó: ¿Cómo es que no tienes el suficiente valor para ir hasta a mí y decírmelo? Respondí: a semejante belleza no sé cómo hacerle suplicas. Ella tan tímida volvió a sonreírme. Seguimos hablando, mientras el tiempo pasó y unas cuantas botellas de vino a la lo largo, hasta llegamos a punto de hablar sobre el amor, al empezar, una lágrima salió de sus ojos, yo sorprendido pregunté: ¿Por qué lloras? Respondió: No es lo que tú crees… No insistí y seguí hablando sobre mí. Al terminar me dijo: Se ve que los años pasan en vano, tú no has aprendido de ello, exclamó aquella dama… Se levantó, y se fue. Yo tan sorprendido me quede con la duda de por qué esas palabras, y por qué el dejarme allí con un enigma. Luego a mi mesa llego una servilleta, entre ella decía: “Me llamo el pequeño amor de tu vida” sonreí, y al voltear la servilleta, se encontraba su número. Pasaron días en los cuales no me decidía si llamarla o no, y decirle que me enamoré de aquel vestido tan justo que le quedaba en su cuerpo, tomé el valor, agarré el teléfono y comencé… Respondió. Mil sonrisas en mis rostro, pero muy pocas palabras, ella imaginó y dijo mi nombre, yo sonreí al saber que se acordaba de mí. La invité a un café para hablar, ella aceptó. Volví a verla, volví a ser feliz. Nos sentamos y como de costumbre una sonrisa y un beso, entre él, un abrazo. Se veía tan nerviosa, que dije: Cuéntame de tu vida, respondió: No hay tiempo para tanto, agachó la mirada y de nuevo volvió a irse. Sorprendido nuevamente quedé. Noches de insomnio, días sin respuesta, enigmas que descubrir. Al cabo de una semana una carta llegó a mi departamento, era ella, diciéndome que quería verme, por supuesto, sonreí y fui hasta donde ella estaba. Allí se encontraba, sentada en aquella banca que me parecía tan familiar, algo me unía a ese lugar, no sabía qué. De nuevo volví a verla, volví a ser feliz.  Aquella dama me miró y soltó una lágrima, esta vez pregunté: ¿Puedes decirme por qué lloras?, respondió: Hace tanto tiempo que no te veía, me extrañó su respuesta y volví a preguntar: ¿Me conoces desde antes?, respondió: Sí, desde pequeños. Bajé la mirada y traté de recordar mi pasado, cuando niño o cuando joven, algo que me hiciera recordarla. Pregunté su nombre y dijo: No necesito decirlo, sólo recuerda un jardín, debajo de un árbol, a media noche… Tú y yo. No lo podía creer, era ella, el pequeño amor de mi vida como esa servilleta decía. Exclamé: ¿Por qué no te pude reconocer?, respondió: Es porque nunca miraste mas allá de mi maquillaje y mi vestido, nunca supiste como llegarme al corazón en una mirada. No sabía que decirle, solo la abracé y le dije: Algo me unía aquí, no sé si tú, o mi imaginación, pero al cabo de estos años sólo quería dejar de imaginarte. Respondió: Al cabo de estos años tú has tenido tantos amores, yo… Yo suelo visitar aquel árbol para ver si algún día te acordabas de que allí habías dejado una historia incompleta, después de decir aquello, ella dijo de nuevo: Debo irme, alguien me espera. Me dio un beso, y se fue. No dejaba de pensarla, no podía creer que era ella, la misma con la que soñé tantas noches, tantos días… Las misma que siempre quise suplantar por una más. Pasaron meses, y de nuevo alguien tocó mi puerta, era ella… Mi pequeño amor, mi vida resumida en unos labios. Dijo: He venido por ti esta vez, respondí: y yo voy por ti de nuevo.


Moraleja
: Amores que ni el tiempo logra borrar, personas que simplemente marcaron tu vida de una manera inimaginable. Te enseñaron a creer a través de los años, te enseñaron que la distancia es un pequeño obstáculo entre un corazón y unas ganas. Que a veces solemos olvidarnos de todo aquello que importa, y que por tontos e idiotas, dejamos ir para después arrepentirnos. Una dama que nunca tuvo un amor porque siempre lo espero, un caballero que buscó a su dama entre tantas, sin saber que ella asistía siempre a ese lugar, sólo porque nunca se atrevió a mirar más allá de lo que él creía, o sentía. Aquella dama, nunca dejó de pensarlo, mientras él busco tantas maneras para no pensarla. Aferrarse sería la palabra… Pero en este caso, sería simplemente “le prometí no olvidarlo, y he cumplido, aun sigo aquí, él nunca lo supo hasta que me vio sonreír”…  

Renuncié.

Renuncié a ese pequeño pájaro que todas las mañanas se posaba en mi ventana para decirme que habías llegado.

Renuncié a esos besos que me regalaban segundos de eternidad.

Renuncié a esos abrazos en donde no cabía inseguridades.

Renuncié a ese labial que todos los días me ponía sólo para verme más coqueta.

Renuncié a esa pequeña falda que se ajustaba a mi cuerpo. Esa que tanto te gustaba.

Renuncié a esa blusa que le quedaba de postura a mi cintura.

Renuncié a esos tacones que me hacían ver un poco más alta.

Renuncié a mi cama porque ya no te encontraba en ella.

Renuncié a los accesorios porque ya no tenía a quien lucírselos.

Renuncié a ese vestido que tanto te gustaba quitarme por las noches.

Renuncié a ese olor que me volvía dueña de ti.

Renuncié a esas pequeñas manos rígidas que daban caricias infinitas.

Renuncié al café porque ya no tenía por quién desvelarme.

Renuncié a los sueños porque deje de buscarte en ellos.

Renuncié a esa banca, en donde todos los días me sentaba a esperarte, a ver si algún día te acordabas en dónde me habías dejado.

Renuncié al pequeño ruido de tu boca. Ese que tantas veces me lastimó.

Renuncié al pequeño insomnio de mi vida.

Renuncié a tu voz.

Renuncié a la llave que habría tu casa.

Renuncié a las escapadas por las noches y mañanas sólo para verte.

Renuncié a todo lo que alguna vez preferí.

Renuncié a ti, porque dejé de sentirte.

Renuncié a esas pequeñas mentiras que me enamoraron.

Renuncié a ser la victima de tu trampa.

Renuncié a quererte.

Renuncié a lo que no eres.

Y ahora déjate el pequeño traje de caballero insensible en casa, esta vez no quiero camuflajes, ni disfraces. Quiero conocerte… Te quiero a ti como eres.


Deja..


Deja…
Deja los reproches y la venganza, las disculpas y los culpables, que de igual forma no los tomaré en cuenta.
Deja de guardarle cosas a tu mente, o de esconderle a la rutina tus nuevos amores.
Deja de ocultarte en sonrisas que no encuentro, o de esconderte en cada suspirar de cualquier niño.
Deja de hacerle caso a cada personaje que ves en las películas, de cambiar tantos modos para llegar a gustarme.
Deja de serle infiel a la felicidad, acostándote con soledad, para aparentar que nadie está a tu lado.
Deja de darle alas al abismo, para que éste vuele sin rumbo fijo.
Deja de esconderte, que de alguna forma dejarás que te encuentre.
Deja que tu sonrisa sea mi aliento, mientras tus besos callan por no ser prisioneros de los míos.
Deja que tu mano descubra un sinfín de emociones, mientras las mías erizan cada parte de tu alma.
Deja que tus ojos encuentren en mí lo que otra persona ni siquiera sabe que existe.
Deja que cada palpitar de tu corazón tenga mi nombre, para que éste sea encontrado por las ansías de mis deseos.
Deja que tu nombre se junte con el mío, veamos que se forma mientras tu futuro y el mío se escribe esta noche.
Deja que el camino decida donde te quedas tú, y donde me olvido yo.
Deja que tus sueños sean hoy mis realidades, para así poder cumplir con lo que anhelaste.
Deja los accesorios en la mesa, que de igual manera esta noche no necesita de prendas.
Deja tu ropa tirada por ahí, que mientras estemos juntos, será un estorbo.
Deja que tus manos rígidas conozcan un camino que ni tu mente llegó a imaginar.
Deja que mi voz sea tu aliento.
Deja que descubra de ti lo que eres.
Deja que mis labios puedan descubrir que es lo que ansías.
Deja que qué al fin te conozca y saber quién eres.
Deja que esta noche sea lo que esperabas… Después de aquí, no hay más palabras.


¿Cómo?


¿Cómo?
Cómo haré para ignorar que algún día fui la persona más feliz contigo, que sólo con tus abrazos podía transportarme a otro mundo, ese mundo que sólo tú y yo conocíamos.
Cómo hago para sacar tus recuerdos de mi mente, los mismos recuerdos que me dejaste aquel día que decidiste marcharte.
Cómo hago para tomar en cuenta de que ya no estás y que por más que lo quiera, no volverás.
Cómo decirle a mi sonrisa que dejo de ser el motivo de tus alegrías.
Cómo le explico al corazón que ya no tiene a nadie por quien latir.
Cómo le ordeno a mi vida que se acostumbre a otro perfume si aun están tus cosas en el baúl.
Cómo le digo a aquella taza de café que solía tomar cada madrugada que ya no tendrá el mismo aroma que solía tener cuando me sentaba a tomarla.
Cómo le digo a mis dedos que ya no serán entrelazados con los tuyos.
Cómo le digo a aquella felicidad que ya no tiene por quien reír.
Cómo le digo a mis madrugadas que ya no tendré de quien contarle cada vez que me siente a esperar.
Cómo le digo a mi piel, que ya no será rozada por la tuya.
Cómo le digo a mi silencio que ya no te nombraré.

Tendría que volver a empezar y leer unos términos y condiciones que digan que todo será tan fácil como al principio de cada cuento, pero por ende, los ignoré. Me alegraría saber que hubiera sido de mí si no te hubiera conocido, si estaría feliz o quizás aun estaría buscándote. Jamás me tome la idea de darte por perdido, ni de darme por vencida, quería encontrarte, y te encontré. Por eso no me arrepiento que hayas formado parte de mi libro de vida y tengas una página que por mi parte no pasará nunca… Seguirá siendo lo que es, el mejor e inolvidable recuerdo. Volver al pasado sería caótico, pues ya no tomo la opción de sentarme a esperar que vuelvas, ni espero un gesto de tu parte, como quien dice, aprendí a vivir sin ti.

Si de haber sabido todo esto, de todas formas me hubiera involucrado contigo, porque para mi suerte fuiste una de las mejores cosas que me pasó, y me seguirá pasando. Seguirás siendo ese error que volvería a cometer una y mil veces con tal de verme sonreír con la misma alegría de siempre. Cada una de las preguntas que al empezar nombré, aun les sigo buscando respuesta por más absurdas que sean, quizás por eso aun sigo aferrada a todo lo que alguna vez pudo ser de esta historia que se le acabó la ilusión a medio camino.

Quisiera preguntarte a ti si haces lo mismo que yo, o simplemente… 


Historia..


Narrar una historia que no tiene personajes, ni pasado, ni presente, ni futuro. Una historia que dejó de ser historia cuando a su libreto le quitaron la ilusión. Una historia que jamás volverá a ser contada, porque duele tanto, que sólo causa lágrimas.

Empecemos… Erase una vez, o mejor dicho, creímos tener “una vez”. No necesito revivir el pasado, ni pensar mi futuro, sólo necesito encontrarme aquí, donde estoy y me encuentro en estos momentos. De nada sirve, de nada vale.

¿Para qué hacerles creer que un “cuento” sólo tiene momentos felices? ¿Por qué pintarles un mundo en donde no exista la tristeza? ¿Por qué inventarle tantas pausas a la “historia”?
Creer tener un ángel que te dice que si haces cosas buenas, la vida te recompensará. Pero… ¿Realmente será así? Si cuando creemos ser buenos no llega a ser suficiente para la persona que quieres ver feliz. Ahora, tener un demonio en el otro extremo de tu cuerpo, que te dice que sólo tienes que preocuparte por ti y lo que sientas, ya que nadie lo va a valorar. ¿Realmente es cierto? No hay nada que pensar, ni decir… Lo es. Al fin y al cabo la única persona que notará tus cosas buenas eres tú mismo. Las personas sólo se encargan de recalcarte todo lo malo que has hecho, ya que para ellas, lo más importante suele ser eso. Nunca se han detenido en la vida a pensar en tú pasado, lo que pasaste, y por qué verdaderamente eres así ahora, en estos momentos. Sólo saben juzgar desde que te conocieron, porque le has vendido una imagen que ni se imaginan que es todo lo contrario a lo que realmente eres. Me sigo explicando… Creemos no tener motivos para seguir cuando aquella persona que te los daba, se ha marchado. Creemos ser fuerte porque “sonreímos” cuando lloramos por dentro. Creemos tenerlo “todo” cuando estamos enamorados, ciegos. Creemos ser lo que esa persona esperaba para su vida, porque para la nuestra, ella lo fue. Creemos ser “valientes” para asumir nuestros propios retos, pero, necesitamos de una mano para caminar sobre ese sendero de obstáculos. Creemos ser “realistas” cuando ni siquiera asumimos nuestros errores. Creemos pensar “positivamente” cuando no tenemos ni un motivo para hacerlo. Creemos “ser felices” pero siempre nos falta algo que nos jode la vida.

¿Crees que es necesario tener una “edad” para definir tu “madurez”, para poder decir un “te amo”, para poder decir que estamos “enamorados”? Qué forma tan ignorante de pensar. Cuando la madurez la hacen las caídas, los golpes, las palabras, el desamor… Todo lo que has vivido hasta ahora. Así que nadie es suficientemente grande para decir que no podemos expresar lo que sentimos.
Toda persona dice que no necesita a nadie para ser feliz, pero realmente está llorando por dentro porque  necesitan de ese “alguien” para dar por completo su felicidad. Creemos tener un sinfín de cosas a nuestro favor cuando estamos enamorados, pero también tenemos en cuenta que uno siempre ama más, y realmente… Empezamos a darnos cuenta que el “sinfín de cosas a nuestro favor” está a favor de lado contario.


Para resumir todo lo que he dicho… No necesitamos tener una historia para darnos cuentas de quienes somos, de dónde venimos, ni qué hicimos. Necesitamos ser nosotros mismos para poder decir quién somos en realidad. No podemos decir que somos fuertes, cuando nuestro corazón parece de hoja. No podemos serlo “todo” para alguien, porque aun así no teniéndonos en su vida, puede ser feliz. No podemos ser realistas cuando nunca nos hemos sentado a pensar en qué fallamos, por qué fallamos, y qué haríamos por recuperar. No podemos ser felices si aún no hemos decidido por quien serlo. Entonces… Ahí está el detalle de la vida y de esta nota… “No la entendemos”

Ganas.


Ganas de ir hasta dónde estás y desprender estas desesperadas ganas de abrazarte.

Ganas de mirarte y convencerme de tanto... De todo eso que has callado.

Ganas de volverme aunque sea un "algo" en tu vida...

Ganas de que seas lo único que en mi universo gire.

Ganas de pararme enfrente de ti, saber qué piensas, qué sueñas, qué anhelas... Qué deseas. Si soy yo quien te roba suspiros, o alguien ya tomó mi lugar. Si sigo siendo yo el motivo de esas sonrisas tan pícaras, o simplemente dejé de funcionar. Si soy yo aun tú único amor.

Infinitas y detestables ganas de saberlo todo de ti. Qué entregas, qué haces... A quien gustas, quien está ahí ocupando ese lugar.

Ni sueño, ni creo, ni pienso, ni imagino... Tú no has estado, ni estarás. 

Se me olvidaba recalcar que sólo habías sido mi fantasía... Cómo mi última nota... Mi realidad en un sueño.