Narrar una historia que no tiene
personajes, ni pasado, ni presente, ni futuro. Una historia que dejó de ser
historia cuando a su libreto le quitaron la ilusión. Una historia que jamás
volverá a ser contada, porque duele tanto, que sólo causa lágrimas.
Empecemos… Erase una vez, o mejor dicho,
creímos tener “una vez”. No necesito revivir el pasado, ni pensar mi futuro,
sólo necesito encontrarme aquí, donde estoy y me encuentro en estos momentos.
De nada sirve, de nada vale.
¿Para qué hacerles creer que un “cuento”
sólo tiene momentos felices? ¿Por qué pintarles un mundo en donde no exista la
tristeza? ¿Por qué inventarle tantas pausas a la “historia”?
Creer tener un ángel que te dice que si
haces cosas buenas, la vida te recompensará. Pero… ¿Realmente será así? Si
cuando creemos ser buenos no llega a ser suficiente para la persona que quieres
ver feliz. Ahora, tener un demonio en el otro extremo de tu cuerpo, que te dice
que sólo tienes que preocuparte por ti y lo que sientas, ya que nadie lo va a
valorar. ¿Realmente es cierto? No hay nada que pensar, ni decir… Lo es. Al fin
y al cabo la única persona que notará tus cosas buenas eres tú mismo. Las
personas sólo se encargan de recalcarte todo lo malo que has hecho, ya que para
ellas, lo más importante suele ser eso. Nunca se han detenido en la vida a
pensar en tú pasado, lo que pasaste, y por qué verdaderamente eres así ahora,
en estos momentos. Sólo saben juzgar desde que te conocieron, porque le has
vendido una imagen que ni se imaginan que es todo lo contrario a lo que
realmente eres. Me sigo explicando… Creemos no tener motivos para seguir cuando
aquella persona que te los daba, se ha marchado. Creemos ser fuerte porque
“sonreímos” cuando lloramos por dentro. Creemos tenerlo “todo” cuando estamos
enamorados, ciegos. Creemos ser lo que esa persona esperaba para su vida,
porque para la nuestra, ella lo fue. Creemos ser “valientes” para asumir
nuestros propios retos, pero, necesitamos de una mano para caminar sobre ese
sendero de obstáculos. Creemos ser “realistas” cuando ni siquiera asumimos
nuestros errores. Creemos pensar “positivamente” cuando no tenemos ni un motivo
para hacerlo. Creemos “ser felices” pero siempre nos falta algo que nos jode la
vida.
¿Crees que es necesario tener una “edad”
para definir tu “madurez”, para poder decir un “te amo”, para poder decir que
estamos “enamorados”? Qué forma tan ignorante de pensar. Cuando la madurez la
hacen las caídas, los golpes, las palabras, el desamor… Todo lo que has vivido
hasta ahora. Así que nadie es suficientemente grande para decir que no podemos
expresar lo que sentimos.
Toda persona dice que no necesita a
nadie para ser feliz, pero realmente está llorando por dentro porque necesitan de ese “alguien” para dar
por completo su felicidad. Creemos tener un sinfín de cosas a nuestro favor
cuando estamos enamorados, pero también tenemos en cuenta que uno siempre ama
más, y realmente… Empezamos a darnos cuenta que el “sinfín de cosas a nuestro
favor” está a favor de lado contario.
Para resumir todo lo que he dicho… No
necesitamos tener una historia para darnos cuentas de quienes somos, de dónde
venimos, ni qué hicimos. Necesitamos ser nosotros mismos para poder decir quién
somos en realidad. No podemos decir que somos fuertes, cuando nuestro corazón
parece de hoja. No podemos serlo “todo” para alguien, porque aun así no
teniéndonos en su vida, puede ser feliz. No podemos ser realistas cuando nunca
nos hemos sentado a pensar en qué fallamos, por qué fallamos, y qué haríamos
por recuperar. No podemos ser felices si aún no hemos decidido por quien serlo.
Entonces… Ahí está el detalle de la vida y de esta nota… “No la entendemos”