A veces me siento a recordarte y caen
lágrimas de mis ojos, una que otras han sido de felicidad, las otras de
tristeza al saber que ya no estás a mi lado.
A veces me pongo a pensar en el pasado, ese
lugar en el que ahora perteneces por juzgadas de la vida que aún no suelo
conocer.
A veces me siento a preguntarme ¿Qué nos
pasó? ¿Por qué nos pasó?
A veces me he quedado sin fuerzas y me siento
la persona más débil y frágil en cuanto a ti.
A veces ni siquiera sé de dónde sacar las
fuerzas que necesito para aparentar que todo está bien dentro de mí.
A veces, tan sólo a veces, he querido salir
corriendo y perderme por unos segundos para encontrarme en ti de nuevo, conocer
esa máquina del tiempo de la que tanto hablan y poder hacer que me devuelva hasta
ese pequeño mundo que yo llamé “Felicidad”
A veces me pongo a pensar que tuve que
haberte provocado más sonrisas, inventarte caricias, seducirte con miradas,
evadirte de sentimientos y no dejar que dejaras de sentir.
A veces he querido, he llorado, he sentido.
A veces mi almohada se convierte en un
profesor haciéndome quizás un interrogatorio, preguntas, preguntas y sólo
preguntas… ¿En qué parte del camino me dejaste las respuestas?
A veces he sentido la necesidad de darle
rienda a suelta a mis impulsos, buscarte en donde estés, besarte en cualquier
sitio que te encuentre, quererte sin permiso y al contado, volverte a enamorar
sin un tiempo precipitado.
A veces quisiera ser más valiente cuando se
trata de ti.
Pero… Tan sólo a veces he querido dejar esta
parte de mí en blanco, encontrarte de nuevo, escribirme por dentro,
reinventarme los sentimientos, subrayarme los pensamientos y terminar
enamorándote como en los viejos tiempos.
A veces he tenido tantas ganas y sin embargo,
no ha sido suficiente para dejarme ir por ti.