Ciertas palabras que no diré, ni me atreveré a decir por el miedo a
que tus oídos escuchen de mí algo que ni yo conozco. Volverás a mirarme y te
regalaré horas de incertidumbres, para que te llenes de dudas y trates de
descubrirme, para que armes este rompecabezas sin piezas que dejó un abismo.
Volverás a mirarme y te enamorarás de todo esto que no conoces, pero te ata a
mí. Volverás a sentarte a mi lado con la curiosidad de saber quién soy,
volverás a mí, aunque el volver te cause tus peores lágrimas.
Te estaré esperando en aquél lugar, donde te entregué cada parte de
mí, esperando a cambio un poco de ti, de eso que nunca me has dado, pero que sé
que tienes guardado para mí.
Te preguntaré si estarías en tu disposición de recorrer este laberinto
que no sé a dónde te lleva, pero por lo que he visto en mis sueños, vale la
pena.
No sé si ha sido el destino, o soy yo quien te ha traído hasta aquí,
no me preguntes los motivos, ni tampoco esperes que aclare tus dudas, no lo sé,
sólo quiero que estés aquí, alegrándome un poco la vida, lo que soy, y quiero
ser.
No te pediré nada más que unas sonrisas por las mañanas, unos caricias
por las tardes, unos besos por las noches, una despedida de cada día en mi
cama. No te pido nada más que otra persona no estaría dispuesta a cumplir,
donde cada placer despida el día anterior, con la finalidad de que el día
próximo me ames de otra manera. No te pido nada más que varias noches en vela,
para me dejes demostrarle a el fantasma de ti, de lo sería capaz de hacer. No
te pido nada más que un tú, para que se transforme un yo en sólo uno.
Créeme que aún si conocerte, moriría por un beso de tus labios, un
roce de tus manos, por saber cómo sería pasar una tarde a tu lado, o quizás,
amanecer en tus brazos, cómo se sentiría saber que estás a mi lado y que nunca
te has ido, cómo sería si tú… Sintieras lo mismo.