En aquel viejo bar a mi derecha vi
a una dama vestida de azul algunas inquietudes en su rostro, un color de
cabello negro intenso, así como la noche. Una mirada profunda con un mar de
sentimientos dentro, unas manos suaves con la sensibilidad de un niño, una boca
pequeña con una historia inmensa que contar. Algunos años ya… Al mirarla
sonreí, y a su defecto, ella también lo hizo. Ordené un copa de vino y la mande
hasta aquella señora, entre una servilleta unas palabras que decían: “Me
sorprendí al verla”… Al pasar unos cuantos minutos, volteó y se dirigió hasta a
mí, preguntó: ¿Cómo es que no tienes el suficiente valor para ir hasta a mí y
decírmelo? Respondí: a semejante belleza no sé cómo hacerle suplicas. Ella tan tímida
volvió a sonreírme. Seguimos hablando, mientras el tiempo pasó y unas cuantas
botellas de vino a la lo largo, hasta llegamos a punto de hablar sobre el amor,
al empezar, una lágrima salió de sus ojos, yo sorprendido pregunté: ¿Por qué
lloras? Respondió: No es lo que tú crees… No insistí y seguí hablando sobre mí.
Al terminar me dijo: Se ve que los años pasan en vano, tú no has aprendido de
ello, exclamó aquella dama… Se levantó, y se fue. Yo tan sorprendido me quede
con la duda de por qué esas palabras, y por qué el dejarme allí con un enigma.
Luego a mi mesa llego una servilleta, entre ella decía: “Me llamo el pequeño
amor de tu vida” sonreí, y al voltear la servilleta, se encontraba su número.
Pasaron días en los cuales no me decidía si llamarla o no, y decirle que me
enamoré de aquel vestido tan justo que le quedaba en su cuerpo, tomé el valor,
agarré el teléfono y comencé… Respondió. Mil sonrisas en mis rostro, pero muy
pocas palabras, ella imaginó y dijo mi nombre, yo sonreí al saber que se acordaba
de mí. La invité a un café para hablar, ella aceptó. Volví a verla, volví a ser
feliz. Nos sentamos y como de costumbre una sonrisa y un beso, entre él, un
abrazo. Se veía tan nerviosa, que dije: Cuéntame de tu vida, respondió: No hay
tiempo para tanto, agachó la mirada y de nuevo volvió a irse. Sorprendido
nuevamente quedé. Noches de insomnio, días sin respuesta, enigmas que
descubrir. Al cabo de una semana una carta llegó a mi departamento, era ella,
diciéndome que quería verme, por supuesto, sonreí y fui hasta donde ella
estaba. Allí se encontraba, sentada en aquella banca que me parecía tan
familiar, algo me unía a ese lugar, no sabía qué. De nuevo volví a verla, volví
a ser feliz. Aquella dama me miró y soltó una lágrima, esta vez pregunté:
¿Puedes decirme por qué lloras?, respondió: Hace tanto tiempo que no te veía,
me extrañó su respuesta y volví a preguntar: ¿Me conoces desde antes?,
respondió: Sí, desde pequeños. Bajé la mirada y traté de recordar mi pasado,
cuando niño o cuando joven, algo que me hiciera recordarla. Pregunté su nombre
y dijo: No necesito decirlo, sólo recuerda un jardín, debajo de un árbol, a
media noche… Tú y yo. No lo podía creer, era ella, el pequeño amor de mi vida
como esa servilleta decía. Exclamé: ¿Por qué no te pude reconocer?, respondió:
Es porque nunca miraste mas allá de mi maquillaje y mi vestido, nunca supiste
como llegarme al corazón en una mirada. No sabía que decirle, solo la abracé y
le dije: Algo me unía aquí, no sé si tú, o mi imaginación, pero al cabo de estos
años sólo quería dejar de imaginarte. Respondió: Al cabo de estos años tú has
tenido tantos amores, yo… Yo suelo visitar aquel árbol para ver si algún día te
acordabas de que allí habías dejado una historia incompleta, después de decir
aquello, ella dijo de nuevo: Debo irme, alguien me espera. Me dio un beso, y se
fue. No dejaba de pensarla, no podía creer que era ella, la misma con la que
soñé tantas noches, tantos días… Las misma que siempre quise suplantar por una
más. Pasaron meses, y de nuevo alguien tocó mi puerta, era ella… Mi pequeño
amor, mi vida resumida en unos labios. Dijo: He venido por ti esta vez,
respondí: y yo voy por ti de nuevo.
Moraleja: Amores que ni el tiempo logra borrar, personas que simplemente marcaron tu vida de una manera inimaginable. Te enseñaron a creer a través de los años, te enseñaron que la distancia es un pequeño obstáculo entre un corazón y unas ganas. Que a veces solemos olvidarnos de todo aquello que importa, y que por tontos e idiotas, dejamos ir para después arrepentirnos. Una dama que nunca tuvo un amor porque siempre lo espero, un caballero que buscó a su dama entre tantas, sin saber que ella asistía siempre a ese lugar, sólo porque nunca se atrevió a mirar más allá de lo que él creía, o sentía. Aquella dama, nunca dejó de pensarlo, mientras él busco tantas maneras para no pensarla. Aferrarse sería la palabra… Pero en este caso, sería simplemente “le prometí no olvidarlo, y he cumplido, aun sigo aquí, él nunca lo supo hasta que me vio sonreír”…
Moraleja: Amores que ni el tiempo logra borrar, personas que simplemente marcaron tu vida de una manera inimaginable. Te enseñaron a creer a través de los años, te enseñaron que la distancia es un pequeño obstáculo entre un corazón y unas ganas. Que a veces solemos olvidarnos de todo aquello que importa, y que por tontos e idiotas, dejamos ir para después arrepentirnos. Una dama que nunca tuvo un amor porque siempre lo espero, un caballero que buscó a su dama entre tantas, sin saber que ella asistía siempre a ese lugar, sólo porque nunca se atrevió a mirar más allá de lo que él creía, o sentía. Aquella dama, nunca dejó de pensarlo, mientras él busco tantas maneras para no pensarla. Aferrarse sería la palabra… Pero en este caso, sería simplemente “le prometí no olvidarlo, y he cumplido, aun sigo aquí, él nunca lo supo hasta que me vio sonreír”…