Carta de bienvenida

Disculpa si huele un poco a viejo en donde hoy te vas alojar, hacía tiempo que nadie llegaba a mi vida y mucho menos con intenciones de quedarse. Todo está desordenado, si es que lo has podido notar, quizá necesito uno de esos servicios a domicilio para que vuelvan a poner cada cosa en su lugar, o en su defecto, también varios sentimientos que andan como cabos sueltos. La luna, las estrellas y las constelaciones que antes te prometieron, no existen para mí, a lo mejor, necesito una pisca de cursilería para contarte lo que en tu pasado ya te habían contado. Te vi llegar con varias maletas llenas, no sé lo que ocultas ahí, espero y sean las instrucciones de cómo hacerte cargo de una persona tan difícil como yo, y por casualidad, espero que también traigas consigo tus instrucciones para ver como llegaré a enamorarte y si se te olvidaron, no importa, yo me las ingeniaré. Por lo pronto, la cama está un poco desordenada, el café no me queda tan bien como a tu mamá, e incluso necesito acudir a los libros de cocina si es que quiero prepararte postres y comidas exquisitas, espero y eso no te importe, con el tiempo aprenderé. No sé cómo te gusta recibir los amaneceres, ni como despedir las noches, quiero aprender; enséñame. A veces me siento en un circo y me convierto en un payaso dirigido por ellos, pero mantén la calma, esto sólo pasará cuando te sientas triste, sólo lo haré para alegrarte si es que algún día todo se te viene abajo. Espero y no te importe tampoco si aún no suelo quererte como te gusta o quieres, vuelvo y repito; enséñame. Vuélveme tu aprendiz. Hay varias cosas que no conozco, o a lo mejor que sí, pero se me han olvidado con el tiempo; refréscame la memoria. Vete sentando en cualquier lugar, estás en tu casa. He dejado todo a tu disposición para que no quieras irte. Yo, por mi parte, voy a prepararte lo mejor que sé. Tengo cosas guardadas en distintos baúles, los primeros están llenos de algunos errores que suelo coleccionar, en el otro las ganas de no equivocarme otra vez. Esto sólo te lo comento para que te vayas haciendo una idea de mí. Tengo sábanas que aún no he usado, una que otra almohada sin nada que contar, y dos o tres inciensos para hacerte felices las noches. Creo que ya te diste cuenta que todo aquí es pequeño y que algunos rincones necesitarán de una remodelación. Tengo la manía de dormir y despertar con besos, no importa si estos llegan a ser amargos o dulces, son besos. Y eso vale más que cualquier otro sabor. También quería comentarte que necesito una remodelación personal, hay cosas del pasado que aún atormentan y otras que, a lo mejor, tal vez se quedarán. Espero y hayas traído tu mejor pañuelo y unas gafas para los rayos de un futuro. Suelo estallar de amor y reprimir tristezas, y en otros casos, suele ser al revés. También hay cosas que no te he dicho y que con el tiempo espero contarte. No hay secretos, sólo le estoy dando tiempo al tiempo para que no te aburras tanto de mí y como un sospechoso tuyo, sigas investigando. No te pido promesas, no creo en ellas. Y si llega hacerte falta algo, avísame, estoy a tu disposición de aquí en adelante, 24 y quizás 25 horas, por si quieres saber el mediado. Me gusta cometer tonterías y reírme de ellas de vez en cuando; acompáñame. Y sí, suelo tener días en el cual me convierto una persona insoportable, no me toques, quédate ahí y yo iré hasta a ti. El piso está un poco resbaloso, disculpa, acabo de limpiar las rajaduras que dejó el pasado, y si llegas a resbalarte, sujeta mi mano y estaremos bien. Y mientras te vas acoplando a lo que te he dicho, yo, por mi parte, te seguiré escribiendo esta carta de bienvenida.

Aquí se te empezó a querer desde que mis ojos te miraron.