Hoy mi amor y mi corazón nuevamente confía en
ti, prevaleciendo ante la razón, creyendo fielmente en esto y en lo que
habíamos vivido los dos. Pero tengo que aceptar que ya es pasado. Queriendo y
esperando que renaciera de las cenizas como el ave fénix que se despoja de su
plumaje para revivir y emprender un vuelo más alto, y alcanzar sueños rotos y
truncados. La vida misma me demuestra y habla por sí sola, que ya no eres la
misma persona que tomaba sus decisiones sin titubear, que enfrentaba situaciones
difíciles pero no imposibles. Me siento impotente de no poder inspirar en ti
todo lo que un día hizo que tú apostaras a este amor. Se me agotan las ganas de
esperar alguna respuesta y hechos que un día o tantas veces me dijiste que
vería… Inútilmente sin ganas de intentar
ser feliz y de volver a rescatar y sentir, o tener lo que un día tuve entre mis
brazos. No sé si tengo que tomar la decisión de dejarte ir del todo y terminar
con este trío que la sólo perjudica el silencio. Ya no quiero llorar más y
sentirme una hormiga en esta situación. No sabes lo que duele y lo que he
sufrido. Te confieso, tengo ganas de salir corriendo y encontrarme de nuevo,
porque desde hace días perdí el rumbo de quién soy, y lo peor de todo es que
estoy, y siempre estuve para ti… Y la pregunta es: ¿Estás tú para mí? La
respuesta es otra incógnita más que me creaste. No sé qué pensar, como debo
actuar, que pasos dar, que armas utilizar si he perdido tantas batallas, no
quiero levantar mi bandera blanca y rendirme, pero no aguanto más. Quiero
sentirte aquí, queriéndome o por lo menos, intentándolo. No quiero seguir
luchando en vano… Y después de todo sin ti.
Te pregunto…
¿En qué momento te perdí?