Y te quería tanto, que quería estar contigo y
compartir cada segundo de tu vida, llenarte la soledad de reencuentros en la
madrugada donde tú serías el primer libreto de la historia, donde mi único
propósito era amarte hasta quedar sin aliento, en donde quería darte a ojos
cerrados y entregarte un universo en mis labios.
Y te quería… Sí, te quería para que fueras lo único en
que tendría que pensar todas las noches antes de acostarme, para que fueras mi
desvelo y a la vez, mi tortura. Sí… Te quería para todo, para nada; para mí.
Y tal vez este no era nuestro momento, o quizá,
llegamos tarde al encuentro de dos corazones que sólo se esperaban el uno al
otro, pero por más que esto fuera y que tú no llegaras, aquí estaría,
esperándote y anhelándote como nunca jamás alguien lo había hecho por ti.
Y ni tú ni yo planeamos esto, pero déjame decirte que ha sido el error más placentero de mi vida y la mejor duda que he besado hasta ahora, y podría seguir besándote si en este mismo momento me lo pidieras, podría seguirte amando si también tú lo hicieras, podría seguir aquí sin quejas algunas, y sin reproches que hacerte.
Y si me preguntaras que quiero en este instante, sin
duda alguna y con toda certeza, diría que a ti y a tu tiempo, y tal vez te
preguntes ¿Por qué tu tiempo? Pues sí, porque lo necesito para ocupártelo de
mí, de mi no- tan cordura, de mis sonrisas y alegrías, de mis besos y abrazos,
y una que otra vez, también compartirte un abrazo. Así sin más, sólo exclusivas
para ti.
Y si también me preguntaras si te quiero, sólo
tendrías que pararte en frente de mí y mirarme, descifrar mis ojos y allí
estará la respuesta que tanto buscaste; y también podrías lanzarme uno de esos
besos de tu boca a ver si consigo también lo que busco.
Y no me libero de esta cárcel que está junto a ti,
porque aun con los asuntos legales y pendientes que tengo contigo, me gusta
estar aquí… Pagando condena de quererte.